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El trabajo comunitario es esencial



La COVID-19 y el trabajo doméstico en la Argentina


En nuestro país, quienes realizan las tareas de atención y cuidado de personas continuaron trabajando durante la pandemia: su actividad fue considerada como esencial según el Gobierno Nacional. Por el contrario, las trabajadoras domésticas debieron cumplir con las medidas de cuarentena obligatoria, con goce de sueldo de parte de sus empleadores.


Por las condiciones en las que desempeñan su actividad, las trabajadoras domésticas se encuentran más expuestas a una situación de especial vulnerabilidad en el contexto de la crisis por la pandemia. Según un informe de la OIT, hay diversas razones para justificar esta situación: la alta presencia de mujeres jefas de hogar de bajos ingresos con niñas, niños y adolescentes a cargo, junto con las precarias condiciones laborales marcadas por una fuerte incidencia de la informalidad, la falta de acceso a derechos laborales y la exposición a riesgos tanto en el lugar de trabajo como en el traslado de su casa al trabajo, entre otras.


Sin embargo, algunas medidas fueron llevadas a cabo para contrarrestar los efectos negativos de la pandemia: desde el Estado, se reforzaron las asistencias sociales y las asignaciones, y se otorgó un Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) que incluyó a las trabajadoras domésticas como destinatarias. La Comisión Nacional de Trabajo en Casas Particulares (CNTCP) fijó un incremento salarial de las remuneraciones horarias y mensuales mínimas para las trabajadoras domésticas. También se impulsaron campañas de información sobre derechos desde los sindicatos.


Trabajadoras esenciales y feminismo popular: la militancia de Natalia Zaracho


Natalia Zaracho es trabajadora de la economía popular en Villa Fiorito (Lomas de Zamora). Es referente del Frente Patria Grande y también participa en el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE). Fue candidata a diputada nacional por el Frente de Todos en las últimas elecciones.


A los 13 años se vio obligada a dejar los estudios, y su primer trabajo fue como cartonera. Las enseñanzas del oficio y sus experiencias en organización la llevaron a convertirse en miembro de la comisión directiva de la Cooperativa Amanecer de los Cartoneros.


En su trabajo como militante del feminismo popular, organizó mateadas y espacios de cuidado para generar lugares de escucha y contención para mujeres en situación de violencia doméstica: “Hay muchas prácticas que son feministas en los territorios, practicamos esa ‘sororidad’ aunque a veces no se la nombre así, aunque muchas compañeras no se sientan feministas”.


Durante la pandemia, participó en actividades de promoción de salud y comedores en su barrio. En una entrevista para Barricada TV, expresó: “Como organizaciones sociales, nos toca acompañar el proceso difícil de la pandemia y salir a trabajar por el Plan de Desarrollo Humano Integral: propone la creación de 4 millones de puestos de trabajo, urbanización de barrios populares y creación de nuevos lotes con servicios. Es importante planificar, no solamente tapar las urgencias con parches”.


Mujeres organizadas y ley Ramona


El trabajo en los barrios populares en plena pandemia ya se cobró varias vidas. Entre ellas, las de dos referentes de barrios populares: Ramona Medina, dirigente de La Garganta Poderosa, y la de Carmen Canevari quien trabajaba en un comedor del barrio de Flores.


La muerte de Ramona, de 42 años, marcó un punto de inflexión para el trabajo comunitario. Ella se desempeñaba como gestora de trámites para personas con discapacidad y coordinaba el área de salud de la Casa de las Mujeres del vecindario. En su momento, la referente había salido públicamente a cuestionar la falta de agua en su barrio, lo que impedía mantener los cuidados de higiene básicos.


En una entrevista para Tiempo Argentino, la periodista Maby Sosa habló con voluntarias de comedores barriales. Cinthia, de Villa 31 B, le contó sobre sus medidas de seguridad:

“Tenemos nuestro propio protocolo, nos dividimos en grupos de cinco y tratamos de no socializar. Nos cuidamos mucho porque no queremos cerrar. Tenemos las ayudas de la campaña de donaciones Codo a Codo de donde recibimos elementos de higiene y seguridad”.

A raíz del fallecimiento de Medina, se impulsó la ley Ramona: un bono de $5000 durante un año para trabajadores esenciales de organizaciones sociales. En su mayoría, mujeres. En palabras de Cinthia: “las mujeres nos levantamos a las 6 de la mañana a pelar bolsas de papas y cebollas para que las familias coman. Después una tiene que volver a su casa a bañarse y tomar todas las precauciones para no contagiarnos”.


Imagen: Telesur


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